Il sogno di Roma (I)
Quién iba a decirme que la celebración de mi cumpleaños tendría como escenario la Fontana di Trevi... no lo imaginaba y, ciertamente, es difícil tomar consciencia de lo que es esta ciudad hasta que no se pasea por ella.
Su bienvenida no ha podido ser más rancia. Como temerosa de que los turistas oscurezcan su encanto, aterrizar en Fiumincino ha sido algo así como viajar al trópico y verse envuelto en una tormenta descomunal. Agua por todas partes...por los pies, por las cejas, en la maleta, en las aceras, en las pizzas y piazzas.
Llegamos al Leonardo Express, previa espera de media hora en una estación cada vez más llena de gente y de maletas.
El tren nos lleva directamente a Termini, donde está la estación y a unos pasos, nuestra casa romana. Via Malazzo. Hotel Fenicia. Ambiente casero aunque excesivo en precio.
Viendo el panorama de "lluvias non stop", decidimos marcharnos a la Plaza de San Pedro en Metro...las comparaciones son odiosas, ya se sabe, pero inevitables. Estos romanos sí que no pueden decir eso de "Vuela".
Lo primero que nos llama la atención, además del agua por todas partes (¿esto es Roma o Venecia?), son los comandos de inmigrantes atosigandonos con la venta ambulante de paraguas.Entre refunfuños estábamos hasta que, como de la nada, aparece ella.... la Basílica San Pietro. Es como si, de repente, nos hubiésemos sumergido en las imágenes de televisión de meses atrás. La columnata, el obelisco, la tremenda fachada, la mítica chimenea de las fumatas, religiosos de todo tipo y turistas, muchos turistas. El interior es puro derroche de arte, ostentación e incapacidad para poder fijarse absolutamente en todo.
Después de subir a la cúpula a través de las escaleras (tremendas escaleras y tremendos minipasadizos) y de ver la estancia en la que están enterrados la mayoría de los papas, hacemos la primera parada para comer. Aquí empezamos a descubrir, aún sin saberlo del todo, que nuestro menú, y el de todos los demás, se basará en la pasta y en la pizza. De mil tipos y formas,sí, pero pasta y pizza. También es aquí cuando descubro que en Roma está prohibidísimo fumar en bares y restaurantes, así que los pitis, en la calle.
Ante la neumonía cada vez más próxima paro en una tienda para comprar unos calcetines, de esos que de tan gordos, te dejan incapacidad para tener movilidad en los pies.... y a andar. Aprovechando una tregua de las nubes, paseamos por la Ciudad Eterna y empezamos a descubrir el encanto de sus calles...y de sus piazzas. Descubrimos también que la columna de Marco Aurelio, en la plaza Colonna, no tiene tanto que envidiar a la de Trajano...los centros comerciales escondidos en palacios...y la Piazza di Spagna. La escalinata es espectacular,aunque las obras de restauración y la falta de flores resten un poquito de magia.
Un poquito más allá y nos topamos con mi fuente. La que tantas veces he soñado, la que sirvió de escenario para Anita Ekberg en la peli de Fellini, la que bautiza, en cierta manera, este blog. Es la Fontana di Trevi.Es indescriptible. No puedo expresar lo que se siente ante algo así. Espectacular. La moneda es lo de menos. Es su encanto, encontrártela como si nada en mitad de una plaza rodeada de Gelaterias. Podría haberme pasado allí horas, contemplando cada una de las aristas...pero hay que seguir. Cenamos, callejeamos...y a dormir. Mañana será un día duro.

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