El buen café
Tiene bigote canoso y espeso. Fuma Ducados negro y apura un carajillo. Apenas son las 5 de la tarde pero no tiene prisa. Probablemente nadie le espera en casa, o tal vez quien lo hace es un borrón de la mujer de quien se enamoró; un esperpento de rimmel corrido, raíces negras y pechos caídos.
Se acerca a la cincuentena y ahora prefere rescatar del gris de la azotea el manual del flirteo. Tal vez sea consciente de su fracaso, pero sigue intentándolo. Lucha por camelarse a la puertorriqueña de la barra que le responde con una mezcla de desidia y burla.
Me pregunto si no debería emplearse en regalarle el oído a su esposa... la batallita de esta tarde está perdida. Tocado y hundido.
Le mira las tetas, da una calada y calla. Antes de pagar comprueba que no hay llamada de registro en el móvil y se marcha.
Otro día más en que lo que se llevará a casa será un calentón y un fracaso. Con suerte echará un polvo nocturno. Aburrido, soso, de compromiso.
Mañana volverá a intentarlo y a soñar que su vida puede ser distinta.
Tampoco nos diferenciarnos tanto.

1 Comments:
Quizás coincidais en que os gusta el buen café, aunque tú ahora lo tomes descafeinado...
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