miércoles, noviembre 17, 2004

Encuentros y desencuentros

Estoy en la parada del autobús. Sábado,12 de la noche. Hace un frio considerable y maldigo el momento en el que pensé que estaría más mona con una camisetita de raso de tirantes. No sé si más mona, pero por mucha bufanda de lana, guantes y abrigo lo más adecuado hubiera sido un jersey de cuello vuelto. Mientras intento recuperar el sentido del tacto y me enciendo un cigarro, veo acercarse a lo lejos a una chica.
Pelo largo color rubio ceniza, falda de colores, medias blancas y merceditas negras. Estampa de la típica estudiante de bellas artes de más de 25.
Con la respiración entrecortada, pero con una espléndida sonrisa y unos ojos realmente dulces me fusila a preguntas sobre el transporte público. Mi ofrecimiento de unos céntimos para su billete - que finalmente no le hicieron falta- sirven para que empecemos a entablar una conversación estupenda. Es mejicana y licenciada en Filosofía. Prepara un master o doctorado (no recuerdo bien) sobre educación política. Su objetivo: volver a Méjico e intentar sacar a su país de la incultura sobre quienes manejan los hilos con Chiapas entre uno de sus posibles destinos. El viaje a Moncloa se hace corto con esa mejicanita entrañable. Hablamos de nuestras vidas como si nos conociéramos de siempre, intentando apurar cada minuto sabiendo que es más que probable que nunca volvamos a encontrarnos. Llegamos al intercambiador y después de invitarme a una fiesta en su casa de Cuatro Caminos, nos despedimos con un beso y un abrazo sincero. El mundo está lleno de mentes curiosas y almas blancas. Gracias, Claudia, ha sido todo un placer.

Me adentro en la vida nocturna de un sábado cualquiera en Madrid. La gente bebe en la calle a pesar del frio y compruebo que no soy la única mujer que desafía a las temperaturas en favor de la "estética".
Después de compartir copas y risas en el bar que Alberto bautiza como "Maradentro" (aunque se llame Mar Azul, en realidad), nos vamos en busca de un pub en el que no tengamos que pagar...es así como Puravida, los Pilares de la Tierra, Mabel, Laire y compañía nos topamos con Christian. Argentino. Con todo lo que conlleva ser argentino. Todas y también Puravida, le admiramos. Es realmente guapo este bonairense, así que ¡qué demonios! le pedimos que se haga una foto con todo el grupo. La consecuencia: me pilla por banda y empieza a desplegar todas sus armas. Realmente es cierto el mito de la labia de los argentinos que parece no tener fin. De fondo, escucho los vítores (más por mi triunfo, por el descuento en bebida que este encuentro puede ocasionar). La noche termina con el argentino conduciéndonos a una discoteca para colarnos y yo marchándome a mi casita convencida de que el destino nos porporciona encuentros y desencuentros realmente curiosos.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

hay tantas cosas que nos unen con el continente hermano, cariño... si pudieramos conocerles mas. me alegra que lo pasaras bien.. no te quedaste con el telefono de la mexicanita????

un beso

noviembre 17, 2004 9:01 a. m.  

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