Pasos
Es como si estuviera en un café de San Telmo, a esas horas donde la vergüenza se pierde y se baja guardia. Adonde llegas rendido, sediento de Branca con cola. Donde la pena se derrite como los cubitos de la copa, bloquecitos de hastío que acabas bebiendo de un trago.
Ese café empachado de perdedores como tú -compañeros de barra y cenicero-, huele a sudor y perfume, sabe a fernet y se escucha en tango.
Empieza el baile. Un cortejo que asoma, una pícara distracción, un guiño desde el ángulo opuesto de la sala. Un mirar hacia otro lado. Un no aparentar prisa cuando el cuerpo ya está en urgencia.
Y aparece el bohemio de turno, con acento francés y argucia hispana. Talludito en danza, experto en milongas. Toma tu mano considerablemente más joven, atenaza tu cintura y un, dos, tres... giro con sacada y parada, aguja y ocho cortado, giro con traspié y boleo, giro de izquierda con barrida,giro en ochos, giro simple y molinete quebrado.
Te sientas y sonries. Tal vez tengas pareja de baile para rato. Intuyes en tus ojos y en los suyos el deseo de algo nuevo aunque reconozcas el asiento ajado.
Y se presenta el jovencito resabiado. Decidido, un punto insolente. Te desafía y aceptas. Despliegas tus armas -las que funcionaban y las que nunca lo hicieron-,en el piso. Entrecruzamos piernas... cadena invertida, cambio de dirección, caminata sincopada,contratiempo básico con ochos, sacada y gancho con respuesta.
La última nota del bandoneón te invita a volver a casa con ojos húmedos y media sonrisa en los labios. Mañana, cuando el cuerpo te pida Branca con cola, volverás a encontrarte con el tango, el licor y el sudor ajeno.
No todo es nostalgia.

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