La vida en un tren
Vagón 6. Asiento 6A. Coloco las maletas en el ínfimo espacio que Altaria deja para ello y me acomodo en la butaca. Respiro profundamente. No son fáciles las despedidas pero J. ayuda a sacar una sonrisa hasta de un momento así. Sé que pronto nos veremos así que no me preocupo y me coloco los cascos. Mojo Project.
Emprendemos viaje, digo adios a Murcia y observo a mis compañeros de trayecto. Un gesto que me recuerda a mis viajes en coche con mis padres. Interminables días de atasco por la carretera de Andalucía, con los pies descalzos, el moreno pegado al cuerpo, los bocatas y las canciones de Nat King Cole de fondo. Yo me pegaba a la ventanilla del Seat 131 y miraba con los ojos como platos a los coches que, circunstancialmente, estaban a nuestro lado. Recorría minuciosamente cada uno de los gestos y rasgos de sus ocupantes. Imaginaba sus vidas, cómo habría sido su verano, cómo sería su futuro. Jugaba con la idea de que algún día nos encontraríamos por el mundo.
Hoy, años después, vuelvo a hacer lo mismo. Por eso no me importa que siempre haya alguien que me tome por su psicoanalista particular y me cuente su vida...la comparte conmigo y me enorgullece. La comparte con la cría del Seat 131.
Tal vez tú y yo nos hayamos cruzado alguna vez por esas carreteras y no lo sepamos.

1 Comments:
me encanta cruzarme contigo, y tienes razon eres mi psicoanalista y tambien me encanta un beso pija...
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