viernes, agosto 27, 2010

Sin palabras

Estar medio año sin escribir es como estar medio año muerta. Y tal vez haya sido así y a quien estéis leyendo sea un impostor o el fantasma de lo que un día fue servidora y que vaga por el ciberespacio, ni siquiera merecedora de habitar un purgatorio.
No habrá sido por falta de movimiento. De hecho, a mi alrededor las cosas han cambiado tanto que la que se ha quedado fija he sido yo. Paralizada por el ritmo de las cosas que, una vez más, me han dejado atrás y con la lengua fuera.
No he sido infeliz. Podría echarme un órdago con buenas cartas y decir incluso que he conocido y disfrutado lo mejor. También lo contrario. He pasado miedo y he vuelto a tener pesadillas casi a diario.
He pasado un invierno con ganas de que llegase el verano, y un verano con deseos de que irrumpiese el otoño. He agotado meses pensando en los venideros y los presentes se han esfumado sin dejar ni una nota en la mesilla.
Y de repente llega la bofetada y caes a la fuerza en la cuenta de que basta una visita al médico o subirte a un coche para que los planes futuros se queden en propuestas de principio de curso que nunca culminan. Un puñetazo más bien que te noquea, te acojona, te agarra de la pechera y te grita a la cara un mírame, deja de jugar a la pitonisa y no tires por el váter un día que puede ser el último.
O no.
No lo sabes.
Te recompones, estiras la camisa y te juras a tí misma que no volverá a ocurrir. Esta vez hay que cumplirlo.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Medio año sin escribir es demasido o demasiado poco: yo siempre dejo de escribir cuando soy feliz, a pesar de mis pesadillas.
Funambulista

septiembre 04, 2010 12:51 p. m.  

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