miércoles, septiembre 22, 2004

Peripeciès catalanes

  • Crónica barcelonesa III

    Después de pasear por la plaza de la catedral de Barcelona y el Barrio Gótico pienso que estoy feliz y que hay zonas de la ciudad que merece la pena ver. La siento ciudad viva, la gente sonríe y los espectáculos laten en cada rincón. Un grupo chileno de teatro representa una pequeña obrita con público de todo tipo. Me siento entre ellos y aplaudo como la que más. Recuerdo mi etapa de la compañía y me entra morriña, aunque sé que también merece la pena sentirse en el otro lado. Acaba la función y apenas a unos metros unos argentinos nos bailan un tango.
    Está anocheciendo y me dejo guiar por los aplausos que se escuchan desde una de las traseras de la catedral. Espontáneos cantan unas piezas de ópera. Celebro este momento, me regalo un foulard que me recordará para siempre este instante y reciblo la llamada de mis compañeros de viaje. Ya están aquí. Por fin llega la hora de compartir descubrimientos.
  • Crónica barcelonesa IV

    Ir a la pensión va a ser lo peor de todo. Lo presiento y me siento culpable. Efectivamente la desilusión es generalizada y tomamos la determinación de buscarnos un hotel decente para la otra noche que nos queda en la ciudad condal.
    Nos damos un paseo y vemos, excepto por el monumento a Colón y el puerto, lo peor de Barcelona. Aquello no es como Lavapiés, es el Bronx y empezábamos a ser conscientes de que dormir en la "Pensión Marginal" no iba a ser la experiencia más agradable de nuestras vidas.
  • Crónica barcelonesa V

    Nos despertamos temprano. Ni uno solo de los cinco hemos podido dormir tranquilamente. Salimos despavoridos del hostal y nos preparamos para nuestro día en el Fórum. El desayuno es casi mejor no recordarlo, sólo quedarse con la consigna para un posible futuro viaje a Barcelona: no pisar el Raval.
    Y ahí estamos M., A, Ja, J. y yo dispuestos a empaparnos de cada uno de los rincones de este encuentro de culturas. Sólo en una hora de recorrido coincidimos todos en que esas voces que nos pintaban el Fórum como un fiasco no podrían estar más lejos de la realidad.
    Lo mejor, para mí, el pabellón "Habitar el Mundo", donde se me pusieron los pelos de punta ante la realidad de este mundo en pantallas gigantes y dibujos de El Roto que, creo, nos impactaron a todos. Los Guerreros de Xian, el taller de danzas africanas (merecía la pena ver a J. disfrutando como un niño) y cómo no, las marionetas chinas.
    A pesar de la polémica, también me encantó El Árbol de la Memoria. A los implicados, sólo deciros que sólo me pongo así con la gente que me importa. Supongo que uno espera que los suyos vibren con las mismas cosas que le hacen emocionarse...ese, supongo, es el error.
    Y el mejor final: el espectáculo de agua, luces y fuego. Gracias a la explicación de J., siempre por delante en estos casos, pude admirarlo no sólo como despliegue estético. Mil gracias peque por descubrirme mundos nuevos.
    Son las doce de la noche. Estamos reventados y nos vamos a nuestro nuevo "hogar". Ni punto de comparación, a lo mejor es por eso por lo que ni siquiera nos despedimos y nos desplomamos en unas camas en las que, seguro, no contraeremos ninguna enfermedad indeseable.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Pues es una pena que no tropieces con alguien que te lo enseñe, no tiene nada que ver con el Bronx y sí con la dolce vita... es sólo cuestión de saber mirar.

octubre 21, 2005 1:38 p. m.  

Publicar un comentario

<< Home