domingo, octubre 03, 2004

Lectura de Madrugada

Serenidad, tú para el muerto,
que yo estoy vivo y pido lucha.
Otros habrá que te deseen:
ésos no saben lo que buscan.
Si se durmieran nuestras almas,
si las tuviéramos maduras
para mirar inconmovibles,
para aceptar sin amargura,
para no ver la vida en torno
apasionadamente nunca,
duros y fríos, como piedra
que sopla en el viento y no la muda...

Almas claras. Ojos despiertos.
Oídos llenos de la música
del dolor. Los dedos felices,
aunque los hieran las agudas
espinas. Todo el sabor agrio
de la vida, en la lengua.

Nunca
podrás mojar tu pie en el rio
en que ayer lo mojaste. Busca
la eternidad, vive en la alta
contemplación de su figura.

Palabrería de libros
de la que deja el alma turbia.
Serenidad que se nos vende
por librarnos de la tortura,
por llenarnos de sueño el alma
y rodeárnosla de bruma.
Serenidad, tú para el muerto.
El hombre es hombre, y no le asusta
saber que el viento que hoy le capta
no volverá a cantarle nunca.
Serenidad, no te me entregues
ni te des nunca,
aunque te pida de rodillas
que me libertes de mi angustia.
Será que vivo sin saberlo
o que deserto de la lucha.
Tú no me escuches, no me eleves
hasta tu cumbre de luz única.

Palabrería de los libros
de la que deja el alma turbia.
Yo también me hago un poco libro,
me duermo el alma...

Luz difusa.
La madrugada se desgaja
agria y azul, como una fruta.
Cantan los pinos a lo lejos.
Un niño llora. Las desnudas
mujeres y hombres silenciosos
salen despacio de las últimas
sombras. Los pájaros me esperan.
Se alzan las olas. (Me preguntan
por qué.) Campanas... (Ayer niebla,
hoy claro sol y luego lluvia...)
¿Por qué? Las hojas se estremecen...

Voy inundándome de música.

A veces me pasa que necesito la voz de otros para mostrar la mía. A veces me pasa que no me salen las palabras, que sólo soy capaz de mostrar una mirada o dar un abrazo. En ese estado soy feliz hasta que a mi acompañante ese silencio le resulta tan incómdo y pesado como el humo de un autobús.
Es ahí cuando mi mirada se vuelve gris y mi corazón late. Me ofusco y lucho por encontrar una frase que me saque de ese amodorramiento. Seguro que las que articula mi boca no son las más acertadas....
Ahora me despierto, leo a José Hierro y él pide lucha. Creo que todos deberíamos hacer examen de conciencia y no serenarnos en lo que somos. Pelear por una comunicación mejor, por encontrar un sitio donde realizarnos, por quitarnos esa mochila de piedras que sobrecarga nuestra espalda y lavarnos la cara cada día.... las legañas nos impiden ver con claridad.